Ayer por la noche cuando ponía los niños en la cama tuve un lapsus linguae, o todavía más gráfico un “slip of the tongue” del inglés -literalmente un resbalón de lengua- muy simbólico. Cuando le daba el beso a la pequeña me dijo que tenía sed. En mi mesilla de noche tenía un vaso de agua y le respondí “pues ven a mi jaula a beber un poco”. Mi cerebro concibe las habitaciones como jaulas. Me impactó. El hogar como un espacio que nos priva de libertad. No como un lugar confortante que nos proporciona seguridad sino como un elemento de limitación. El cual nos corta las alas y nos impide disfrutar de la belleza del exterior. Ayer mismo, unas horas antes de este incidente verbal, escribía sobre el deseo de aventura, de descubrimientos, de emociones e intensidad. La vida salvaje transcurre fuera del hogar. Lo que más nos emociona y está en continuo cambio palpita más allá de las paredes de nuestras fortalezas. El libre albedrio de despliega en campo abierto. Aquello capaz de transform...